La destacada y fascinante figura de Bruno Violi en el contexto de la arquitectura
colombiana recibe un merecido homenaje en este estudio del arquitecto Rother, publicado
con ocasión de los cincuenta años de la facultad de arquitectura de la Universidad
Nacional.
El rescate documental de la obra de arquitectos que trabajaron esforzadamente entre los
años 30 y 60 en el medio colombiano es valioso en sí, pues sin él se perdería la
continuidad de un proceso histórico que ya hoy va camino del olvido para arquitectos y
profanos. La "tradición moderna" es la base de la historia que será madurada y
escrita dentro de varias generaciones. Hace poco tiempo, Hans Rother publicó también un
estudio de índole análoga a éste, sobre la obra de su padre, el arquitecto Leopoldo
Rother. Y ahora, por decirlo así, cierra el ciclo del análisis de sus grandes afectos
personales y profesionales, al referirse a Bruno Violi.
Tanto Leopoldo Rother como Violi pertenecen a un reducido
grupo de arquitectos europeos llegados a Colombia antes de la segunda guerra mundial e
integrados luego, personal y culturalmente, al medio nacional. Ambos fueron hábiles e
influyentes catedráticos y en ambos se podría señalar una inteligente y sensitiva
calidad como creadores de formas construidas. Uno y otro propusieron lenguajes
arquitectónicos finos pero polémicos con respecto a las modas estéticas predominantes
en su época, y con ello dividieron a los arquitectos colombianos en dos campos poco
conciliables: un reducido grupo de admiradores en torno de uno y otro; y al otro lado,
abundantes opositores o indiferentes. No hubo, salvo excepciones escasas y sin calidades
notables, continuadores de la obra y las posturas estilísticas de Leopoldo Rother o
Violi, lo cual, paradójicamente, torna aún más interesante los estudios al respecto
realizados por Hans Rother.
El volumen sobre Violi es un intento de crear una monografía al estilo de las que se
publicaron en los años 50 sobre Le Corbusier, Auguste Perret, Walter Gropius o Ludwig
Mies van der Rohe. El modelo gráfico y compositivo de la obra es fundamentalmente el
mismo de hace 30 a 35 años, quizá en involuntaria concomitancia con la época en la cual
se desarrolló gran parte de la obra del homenajeado en cuestión.
La obra de Violi es un tema particularmente difícil. Se sabe poco de la vida no
profesional del arquitecto italiano venido a Colombia en 1939, y el reticente laconismo de
Violi, su implacable voluntad de no hacer de la propia existencia un ingrediente
compositivo de su labor profesional impidió eficazmente que hoy sea posible establecer
nexos circunstanciales o ideológicos entre el hombre y su labor creadora. Se sabe de su
vasta cultura general, de sus aficiones pictóricas y musicales, pero muy poco más, y
ello ciertamente no basta. De él no se tendría, como lo exigía Frank Lloyd Wright,
"una explicación del universo".
Hans Rother no escapa a la tendencia de rotular la obra de Violi, y no encuentra
dificultad mayor en calificarla como "neoclásica". Algunas espléndidas
realizaciones incluidas en el volumen, en las que priman tendencias geométricas puristas
o de alguna índole racionalista son anunciadas como temporales (u ocasionales)
desviaciones del recto camino del neoclasicismo "a lo Auguste Perret". La
sospecha de que lo que ocurría en la obra de Bruno Violi no fuera más que una
profundización simpatizante de éste en la obra del maestro francés, y que el producto
de esa afectuosa aproximación sea algo más, vale decir, que tenga más ingredientes que
el "neoclasicismo" es anatema para Hans Rother. La obra de Violi, aquí, será
descrita de modo unívoco, partiendo claramente de las premisas "neoclásicas",
a manera de lecho de Procrustes, al cual hay que ajustar, a veces forzadamente, la
complejidad y multiplicidad de influencias y actitudes observables en las realizaciones
documentadas.
Este volumen podría aparecer como una ocasión perdida si se examina el contenido
gráfico. Al contrario de la exquisita planimetría publicada (que es un goce para el
espíritu), el material fotográfico es inferior a la ocasión. Obviamente se escogió una
selección gráfica de la época (es decir de archivos), renunciando a un reexamen
fotográfico de la interesantísima obra de Violi. Esto sería en parte perdonable en
razón de la desaparición, desfiguración o inaccesibilidad de gran parte de las obras
escogidas para publicación, pero también sería observable que muchas de las
fotografías de los años 40 a 60 e incluidas en el volumen tienen la frialdad
estilística y la indiferencia tonal que caracterizan el trabajo de Paul Beer. En ellas la
tensa expresividad con la cual dotaba Violi a sus creaciones naufraga en un mar de
información correcta, gris, sin emoción alguna. El delicado juego de sombras, de
proporciones sutiles de las cuales nos habla Hans Rother no existe, o existe muy poco en
las fotografías publicadas (con dos o tres excepciones notables), y mal puede estar en la
bella planimetría, cuyo mensaje visual va en otra dirección. Las fotografías en color,
de reciente factura pero publicadas anónimamente, no son ciertamente un homenaje a la
sensibilidad visual de Bruno Violi. La inenarrable gráfica de la página 115 del tomo en
cuestión, que muestra unos postes tras de los cuales posiblemente se vislumbra alguna
obra de Bruno Violi, habría indignado profundamente al fino arquitecto y artista, para
quien lo mediocre era difícilmente tolerable.
La introducción crítica al libro sobre Violi tiene un carácter evidentemente
didáctico. Pero, ¿cómo entrar en la cuestión de la soledad conceptual y estilística
en la cual se encastilló Bruno Violi? El drama del artista aislado por la propia
voluntad, del arquitecto sin discípulos ni seguidores que conformaran en torno a él una
"tendencia" está apenas enunciado. El callejón sin salida al cual entró de
lleno Bruno Violi al final de su vida profesional no está explorado, quizá
voluntariamente.
Los documentos están ahí, reunidos con claridad y precisión por Hans Rother, un
simpatizante de la causa y un nostálgico de un pasado casi a la vuelta de la esquina. No
sería enteramente justo exigirle también una evaluación crítica que sólo vendrá de
la actitud objetiva y fría de un historiador futuro.
GERMAN TELLEZ