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CREACION DE LA INTENDENCIA DE SAN ANDRES Y PROVIDENCIA
La cuestión nacional en sus primeros años
Por: Juan
Carlos Eastman Arango
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Tomado de:
Revista
Credencial Historia.
(Bogotá - Colombia). Edición 36
Diciembre de 1992
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Celebración del
20 de Julio ante la antigua sede del
gobierno intendencial en San Andrés, 1920.
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Los primeros años del siglo XX fueron intensos y de gran agitación política; los
efectos de la crisis nacional por la guerra civil del fin de siglo, la pérdida de la
provincia de Panamá y la caída de la dictadura del general Rafael Reyes también se
sintieron en la vida institucional y social del Archipiélago de San Andrés y
Providencia. El malestar creciente de la sociedad isleña contra las autoridades
provenientes del departamento de Bolívar (San Andrés, Providencia y Santa Catalina
conformaban la provincia de Providencia, dependiendo de Cartagena desde 1887) se sumaba a
las dudas expresadas por los funcionarios colombianos sobre la "identidad
nacional" de sus habitantes respecto al Estado colombiano.
La propuesta de crear
la Intendencia Nacional dio lugar a un gran debate en la región Caribe colombiana y en la
capital del país alrededor de la administración bolivarense, la naturaleza de los
habitantes del Archipiélago, la debilidad de su identificación con el continente y la
conveniencia de erigir el territorio insular en una entidad territorial fuera del control
administrativo y político de Cartagena. Las inquietudes se habían incrementado a raíz
de una supuesta declaración de los sanandresanos que vivían en Colón y Panamá
solicitando que el territorio insular se separara de Colombia y se uniera al naciente
Estado bajo "protección" estadounidense.
El cambio de gobierno
en Colombia coincidió con el incremento de las preocupaciones institucionales sobre la
seguridad en sus fronteras marítimas caribeñas; ya en 1890 el gobierno de Carlos
Holguín se había quedado inerme frente a la ocupación de nicaragüenses del territorio
occidental del Archipiélago, las Islas Mangles, y en 1900 Colombia había tenido que
acudir a un arbitraje internacional para que sus fronteras y derechos marítimos en la
región fueran respetados. En 1910 viajó una comisión oficial al Archipiélago con el
fin de formarse un juicio más exacto de las condiciones políticas de las islas.
Los informes dirigidos
al presidente Carlos E. Restrepo denunciaban una crisis de credibilidad de la comunidad
isleña en los funcionarios continentales enviados por el gobierno cartagenero, e incluso
en el mismo gobierno colombiano, al que consideraban responsable del saqueo de sus
riquezas a través de funcionarios como el prefecto, el administrador de Hacienda, el juez
de Circuito y el jefe del Resguardo. En las elecciones celebradas para Concejo y Asamblea,
los habitantes de Providencia se rehusaron a participar en lo que calificaron de
"inicuo estado de cosas", que se resumía en la consigna gubernamental: "En
San Andrés, el que no marcha de acuerdo con nosotros, encalla".
De igual forma se
advertía sobre el "gran peligro" que corría la presencia colombiana en las
islas, también por los rumores insistentes sobre la venta o entrega del Archipiélago a
Nicaragua o a Estados Unidos, acciones patrocinadas por un grupo de comerciantes
norteamericanos, que habían celebrado contratos de arrendamiento de varios cayos
alrededor de San Andrés con aquellos funcionarios, y por las mismas autoridades que
esperaban obtener grandes beneficios. Incluso se recogían rumores salidos de Colón y
Panamá acerca de una posible ocupación estadounidense-nicaragüense, en el marco de la
llamada "Nueva Nicaragua". En suma, existía en el ambiente la impresión de que
al gobierno colombiano no le interesaba la suerte de su territorio.
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"El 20 de
Julio en Providencia"
Oleo de Gustavo Restrepo, 85 x 149 cm., 1991.
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El 28 de diciembre de
1911, decenas de habitantes del Archipiélago suscribieron un memorial dirigido al
presidente de la República titulado "Manifestación de los habitantes del
Archipiélago de San Andrés y Providencia", en el que denunciaban la indiferencia y
ausencia de medidas benéficas por parte del gobierno departamental, y solicitaban que se
adelantaran gestiones para que el territorio insular regresara a la administración del
gobierno nacional. Aunque se proclamaban "colombianos de corazón", denunciaban
la ineficacia del "fomento de la colombianización" por parte de Cartagena y el
deterioro de los caminos, abandono de la bahía a las arenas, deficiencia de la
instrucción, desconocimiento del castellano, aislamiento del resto del país y ausencia
de participación isleña en los cargos públicos de las Islas.
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Francis A.
Newball, gran promotor de la Intendencia
y su primer intendente isleño.
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El 4 de enero de 1912,
de nuevo, los habitantes se dirigieron al presidente Restrepo rechazando los manejos de
las rentas producidas por el Archipiélago por parte de las autoridades, quienes
proyectaban una imagen de pobreza de su región y no invertían los ingresos por impuestos
en el bienestar insular. Para ellos, "todo gobierno está basado en la
reciprocidad", y frente a tal cúmulo de atropellos, amenazaban con verse obligados a
liberarse de esa opresión. A mediados de mayo, el ministro de Gobierno Pedro María
Carreño reconoció la justicia de las protestas, y prometió tramitar ante el Congreso de
la República la creación de la Intendencia.
El ambiente político
se agitó más cuando Francis A. Newball, prominente figura del Archipiélago, sacó a la
luz el periódico The Searchlight (El Faro), el 1 de febrero siguiente, con el expreso
objetivo de convertirlo en el defensor de los intereses isleños frente a la Gobernación
de Bolívar, de luchar por el mejoramiento de las islas y la promoción de los derechos y
garantías constitucionales y legales desconocidos por aquellos funcionarios y autoridades
regionales, y de denunciar y censurar aquellos actos oficiales que lesionaran la
integridad y los derechos locales. The Searchlight encarnaba la lucha por la Intendencia
Nacional.
La visita que durante
el primer semestre de 1912 hizo el inspector general del Censo Nacional, Santiago
Guerrero, reafirmó las denuncias isleñas; en su informe sobre el estado del
Archipiélago recogió el descontento de la población contra el gravamen a la
exportación de cocos que había sido recientemente aumentado a 2 pesos oro el millar, y
el desinterés de las autoridades por defender los derechos y las propiedades de los
pescadores nativos. También contra la ausencia de reglamentación clara sobro los buques
que llegaban con mercancías, la incompetencia y deshonestidad de los funcionarios
designados, el estado deplorable de las escuelas, el deficiente servicio de correos, que
además pasaba siempre por Cartagena, y contra el abandono gubernamental de los cayos, que
ofrecían ricos recursos ahora a merced de extranjeros.
El inspector Guerrero,
inflamado por su espíritu nacional-católico y anti-estadounidense, recelaba de todo
aquello que pudiera alejar el territorio insular de Colombia y acercarlo a los Estados
Unidos, como por ejemplo: el idioma, la religión protestante, la esposa norteamericana
del pastor de San Andrés, la misión católica con curas gringos, los comerciantes y
empresarios estadounidenses que habían alquilado por 20 y 25 años los cayos y
monopolizaban la comercialización del coco, proyectando además la imagen de que aquellos
eran parte integrante de la "nación americana", el desconocimiento de la
soberanía colombiana sobre Roncador, Serrana, Serranilla y Quitasueño por parte del
gobierno de los Estados Unidos, que propiciaba su explotación, y sus planes de construir
una base naval en San Andrés para proteger sus intereses en el Canal de Panamá.
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La Avenida 20 de
Julio,
de San Andrés, en 1918.
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Para enfrentar las
amenazas internas y externas. Guerrero presentaba una línea de acción política que
respondía a su concepto de "identidad nacional. Patria, colombianidad": enviar
una guarnición militar o un cuerpo de policía, establecer una misión católica
colombiana, fundar escuelas con maestros competentes y bilingües, pero que enseñaran el
castellano, y un inspector escolar. Igualmente, responder a las reformas fiscales y de
comunicaciones solicitadas y al "buen gobierno" por medio de la creación de la
Intendencia. Así, concluía, "nuestra religión, nuestro idioma, nuestras costumbre
serán las de ellos".
Finalmente, el gobierno
y el Congreso crearon la Intendencia Nacional de San Andrés y Providencia por medio de la
ley 52 de octubre 26 de 1912; fue inaugurada el 22 de enero de 1913 con la posesión del
primer intendente, el continental Gonzalo Pérez. Contaba el Archipiélago con 5058
habitantes (3124 en San Andrés y 1934 en Providencia), estaba conformado por una
comunidad de agricultores, pescadores y comerciantes, mayoritariamente protestantes
(bautistas desde 1847), y con ricos recursos naturales y se especializaba en la
producción y exportación de cocos.
Los primeros años de
vida intendencial fueron agitados y controvertidos; poco a poco el gobierno colombiano
"descubría" una sociedad que sólo lograba representar en el imaginario de la
contrarreforma y del espíritu anticalvinista y antianglosajón que invadía la
religiosidad católica hemisférica y la cultura y política tradicionales, sacudidas a su
vez por el desafío capitalista estadounidense. Los años 1912 a 1920 estuvieron marcados
por grandes presiones regionales sobre el Archipiélago, tales como las ejercidas desde la
ocupación nicaragüense de la Mosquitia e islas Mangles en 1890, con su aspiración a
ocupar las islas colombianas, reclamándolas como parte del territorio de Nicaragua; y las
provenientes del gobierno de los Estados Unidos para obtener facilidades en ellas
(ocupación de algunos cayos, arriendo o compra de otros, facilidades para colocar
estaciones carboneras, una base naval y faros).
También las presiones
originadas por los tratados que el gobierno de Estados Unidos suscribía con el de
Nicaragua, desconociendo los derechos colombianos en la región y comprometiendo sus
intereses futuros (el de febrero 11 de 1913, Tratado Chamorro-Weitzel, y el de agosto 5 de
1914, Tratado Chamorro-Bryan); y, finalmente, las presiones originadas en el Caribe por
los efectos de la primera Guerra Mundial, en particular contra empresas e inversiones
alemanas vinculadas a las comunicaciones telegráficas en la costa atlántica colombiana y
en la estación en San Andrés, con técnicos de Telefunken. Esas presiones políticas,
inicialmente británicas, fueron aumentadas por Estados Unidos cuando en 1917 declaró la
guerra a Alemania.
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Noticia del
Tratado entre Colombia y Estados Unidos en primera plana de "The Searchlight",
dirigido por Francis Newball, abril 27 de 1914. Biblioteca Nacional, Bogotá.
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En este contexto de
1917, por ejemplo, el gobierno colombiano respondió a la preocupación del intendente
Manuel Leal sobre la presencia militar norteamericana en las islas Mangles y en la costa
de Mosquitos, enviando 126 soldados con artillería y ametralladoras para defender la
soberanía del Archipiélago y evitar un "segundo Panamá". Los funcionarios
juzgaron con dureza la indiferencia de los isleños a la presencia militar y a su
desconocimiento del diferendo con Nicaragua, atribuyéndolo todo a su presunto sentimiento
pro-estadounidense sobre la base de su idioma, religión y tradición. El capellán del
Ejército, el claretiano José Criado, lamentaba que la mayoría de los habitantes
estuvieran alejados de la "verdadera religión", recordaba el odio de las sectas
protestantes al catolicismo, y advertía sobre la cercanía de los "yanquis";
recomendó al gobierno central fortalecer la misión católica, y entregar los empleos
públicos sólo a católicos.
Para los dirigentes
nativos, la "liberación" de la administración bolivarense debía conducir al
progreso y al bienestar largamente anhelados; para ellos, la realización de los
principios constitucionales encamaba en la creación de la Intendencia Nacional, en la que
aspiraban a tener voz y voto, a ejercer el derecho de participación en su administración
y orientación, defendiendo los intereses de la comunidad insular. Sin embargo, el primer
balance al llegar a 1920, no era totalmente satisfactorio; la proclamación del
"nuevo orden político" estaba dejando por fuera a los isleños, sufría de
pobreza y limitaciones en sus recursos humanos, económicos e institucionales, y estaba
obsesionado con la "colombianización" pero era incapaz de defender la
soberanía y los recursos naturales contra el saqueo y ocupación de los Estados Unidos.
El presidente Thomas W. Wilson decidió en 1919 que los cayos Roncador, Serranilla y
Quitasueño eran propiedad de ese país, e instaló allí faros para proteger la
navegación de sus buques...
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